El papel de la filosofía de la ciencia en la comunicación y la enseñanza de la ciencia – El caso de la teoría de la selección natural

Suelen indicarse como nacimiento de la filosofía de la ciencia contemporánea profesionalizada los estudios llevados a cabo en el marco del empirismo lógico a comienzos del siglo 20, en cuyo centro se encontraban los filósofos del “Círculo de Viena”. Si bien esto suele ser reconocido en casi todo manual de filosofía de la ciencia, suele enmarcarse en un relato en donde el avance del área implicó sacarse de encima las nociones elaboradas en esta concepción: los filósofos historicistas, como Kuhn y Feyerabend, habrían venido a revolucionar la disciplina reconfigurándola completamente.

Sin subestimar los importantes aportes de tales filósofos, en los últimos tiempos han surgido varios trabajos que ponen en duda este relato e intentan mostrar la actualidad e importancia de muchos de los trabajos realizados en el marco del Círculo. En realidad, lo que los filósofos historicistas vinieron a combatir, más que la concepción del Círculo, fue una versión simplificada y sosa de las ideas heterogéneas que se discutían en su marco. Con el ascenso del nazismo el Círculo se disuelve y algunos de sus integrantes terminan en Estados Unidos en donde tal versión simplificada se vuelve dominante. La caricaturización del empirismo lógico tiene varias dimensiones. Por una parte, suele desestimarse la heterogeneidad de posiciones a su interior, por otra, y esto nos interesa particularmente, no se toman en cuenta los objetivos y metas mediatas, principalmente políticas, del movimiento. Esta omisión puede deberse a una pluralidad de causas. Los dos libros más importantes de las décadas de los 60’ y 70’ en los que se compilan artículos de los miembros del movimiento, sólo se concentran en sus introducciones en los resultados sustantivos acerca de la ciencia dejando de lado sus aspectos políticos: la introducción escrita por Ayer a su compilación El positivismo lógico (1959) y la introducción escrita por Suppe a La estructura de las teorías científicas (1974). Por otro lado, también se ha conocido al movimiento a través de las exposiciones críticas de sus opositores. En particular, Popper (1962) y Kuhn (1962), dos de los autores más influyentes y leídos de la filosofía de la ciencia, no siempre son fieles al exponer los puntos de vista de los empiristas lógicos. Por supuesto, esto ocurre porque que utilizan versiones simplificadas con el objeto de exponer sus propias posiciones. Finalmente, probablemente la causa subyacente detrás de las anteriores, tiene que ver con la biografía personal de los miembros del Círculo y la historia política del momento. Los objetivos políticos del Círculo fueron cediendo a las presiones políticas posteriores a la finalización de la segunda guerra mundial durante la guerra fría. George Reisch, en un interesante libro con el sugestivo título de Cómo la guerra fría transformó la filosofía de la ciencia. Hacia las heladas laderas de la lógica (2005), cuenta de manera pormenorizada las presiones que sufrieron los miembros del Círculo en el exilio de mano del anticomunismo macartista.

En consecuencia, para cualquiera que sólo haya accedido a las tesis del positivismo lógico a través de sus críticos o a través de sus exposiciones más apolitizadas, la lectura del manifiesto del Círculo de Viena, escrito por alguno de sus miembros, resultará sorpresiva (Hahn, Neurath & Carnap 1929).  Por ejemplo, hablando de lo que comparten los diferentes miembros del Círculo, en el manifiesto se afirma:

También se reconoce un acuerdo notable en las cuestiones de vida, aun cuando estos asuntos no estuvieron en el primer plano de los temas discutidos dentro del Círculo. No obstante, esas actitudes tienen una afinidad más estrecha con la concepción científica del mundo de lo que pudiera parecer a primera vista desde un punto de consideración puramente teórico. Así muestran, por ejemplo, los esfuerzos hacia una nueva organización de las relaciones económicas y sociales, hacia la unión de la humanidad, hacia la renovación de la escuela y la educación, una conexión interna con la concepción científica del mundo; se muestra que estos esfuerzos son afirmados y vistos con simpatía por los miembros del Círculo, por algunos también activamente promovidos (Hahn, Neurath & Carnap 1929, pp. 110-111 de  trad. castellana).

“Concepción científica del mundo” es la forma en que llamaban a la concepción que compartían. Las afirmaciones de este párrafo no son meras declaraciones sin efectos de ningún tipo sobre sus investigaciones. Independientemente de la participación política directa de algunos de sus miembros (por ejemplo, Neurath, uno de sus miembros más destacados, participó activamente en la revolución socialista bávara de 1919) la forma de participación de la vida pública del Círculo fue principalmente a través de la realización de eventos y de publicaciones. Pero lo que más nos importa aquí, es cómo estos objetivos sociales mediatos influyeron sobre los objetivos inmediatos de índole teórica. En particular, aquél que tiene que ver con el de la unidad de la ciencia. Hoy suele entenderse esta pretensión de un modo reduccionista, monista e intolerante. Sin embargo, para ellos tenía que ver con la posibilidad de generar herramientas conceptuales que permitieran la comunicación entre los científicos de las diversas áreas por encima de sus especializaciones, y la comunicación de la ciencia al resto de la sociedad. Para lograr la unidad de la ciencia consideraban necesaria la creación de un lenguaje universal artificial al cual los diversos lenguajes de las ciencias particulares se tradujeran, libre, por un lado, de las ambigüedades del lenguaje natural (el lenguaje que hablamos habitualmente) y libre, por otro, de cualquier resabio de metafísica (que ellos caracterizaban como lenguaje sin significado cognoscitivo, pero que, a diferencia de otros discursos que carecían de tal significado, como el del arte, era utilizado como si lo tuviera). El método por el cual se lograría esto es el del análisis lógico. La tarea por delante consistiría en la clarificación y elucidación de los conceptos de la ciencia.

El tiempo ha mostrado que las herramientas elaboradas por el empirismo lógico para reconstruir las teorías científicas son inadecuadas, y que el ideal de construcción de un lenguaje artificial al que toda la ciencia se tradujera, resultaba demasiado ambicioso. Los filósofos historicistas antes mencionados y otros mostraron que la concepción de teoría presupuesta debía ser reemplazada. Hempel mismo (probablemente el más leído actualmente de los empiristas lógicos) termina abandonando la concepción de teoría en cuestión (Hempel 1970). Sin embargo, con estas herramientas y con la concepción de teoría propuesta, cayeron en gran medida también los objetivos reconstruccionistas y elucidatorios, y con ellos los objetivos políticos iluministas. La filosofía de la ciencia abandonó en general la intención de participar en la enseñanza y la comunicación del conocimiento científico, tarea hacía la cual se había orientado en un comienzo, al punto que hoy no se considera a esta un área de pertinencia del filósofo de la ciencia.

Existen varios filósofos de la ciencia, sin embargo, que siguen trabajando en la reconstrucción de teorías, y que por lo tanto, pueden considerarse herederos del Círculo en este sentido, aunque han abandonado las herramientas que proponían. Entre ellos, los que más a pecho se han tomado la tarea, son los que trabajan bajo el marco del estructuralismo metateórico (Balzer, Moulines & Sneed 1987). Ellos reconstruyen las teorías apelando a un arsenal sofisticado de conceptos para hablar de las teorías científicas y sus componentes.

No fueron las críticas externas y a priori la causa principal del abandono de la concepción clásica de teoría, sino su inadecuación para el cumplimiento de los propios fines para los que fue elaborada, pues resultaba muy compleja su aplicación a teorías particulares. Es posible explicar sencillamente este punto. En la concepción clásica de teoría científica, se piensa a una teoría como un conjunto de enunciados unidos por la deducción (no sólo como eso, pero este punto resulta suficiente para lo que pretendo desarrollar). Si uno pretende reconstruir la teoría que se encuentra por detrás de un conjunto heterogéneo, al menos a primera vista, de aplicaciones, debe encontrar las leyes fundamentales desde las cuales todas esas aplicaciones se deduzcan (apelando por supuesto, a las hipótesis subsidiarias que describan el conocimiento presupuesto para la extracción de tales aplicaciones). Esto implica un trabajo descomunal, que fue realizado, casi exclusivamente, para teorías muy sencillas, y que para teorías más complejas, implica un desarrollo lógico complejísimo. En el estructuralismo metateórico, y en otras metateorías semejantes, lo que se busca no son las leyes fundamentales de las cuales todas las aplicaciones se deducen, sino responder a una pregunta más manejable: ¿qué es lo que todas las aplicaciones tienen en común? No es que esta pregunta sea sencilla de responder, pero al menos, luego de un a veces arduo trabajo, es posible conseguir frutos. La estrategia consiste, entonces, en detectar cuáles son los conceptos presupuestos en todos los casos de la teoría y encontrar el modo en que tales conceptos se relacionan entre sí.

Quisiera, para ilustrar lo recién señalado y para mostrar cómo las reconstrucciones pueden brindar herramientas para una mejor presentación del conocimiento científico con el fin de su comunicación y enseñanza,  referirme brevemente a estudios realizados por mí bajo el marco estructuralista acerca de la teoría de la selección natural (en adelante TSN). Las reconstrucciones estructuralistas son formales, pero para los puntos que intento mostrar, basta con utilizar de manera informal el marco conceptual en cuestión.

En general, la presentación actual de la selección natural en manuales de biología evolutiva se efectúa a través del señalamiento de condiciones necesarias y suficientes para que ocurra la evolución por selección natural. Por ejemplo, véase la presentación de Lewontin:

El esquema darwinismo involucra tres principios […]:

Individuos diferentes en una población tienen diferentes morfologías, fisiologías y conductas (variación fenotípica).

Diferentes fenotipos tienen diferentes tasas de supervivencia y reproducción en diferentes ambientes (fitness diferencial).

Hay una correlación entre progenitores y descendencia en la contribución de cada uno a las generaciones futuras (fitness es heredable).

Estos tres principios constituyen el principio de evolución por selección natural (Lewontin 1970, p. 1).

Esta presentación, que consiste en considerar que la selección natural se encuentra constituida por estos tres componentes, o por tres componentes semejantes, no sólo ha sido muy influyente en las exposiciones de la teoría en manuales de biología, sino que también ha sido adoptada en libros de filosofía de la biología (p.e. Pigliucci & Kaplan 2006, p. 14; Sober & Wilson 1998, pp. 104-105). Está visión de la selección natural se resume habitualmente señalando que la selección natural se define como ‘variaciones heredables en fitness’ o, por ejemplo, “cualquier diferencia consistente en fitness entre clases de entidades biológicas fenotípicamente diferentes” (Futuyma 2005, p. 251).

Esta forma de presentar la teoría adolece de varios problemas, pero aquí me interesa presentar uno de ellos: es incompleta. La presentación teórica y general realizada en los manuales de texto no logra atrapar en su riqueza a la exposición de cómo TSN se aplica a casos particulares que a continuación se brinda en los mismos manuales. Se puede poner como ejemplo la segunda edición del famoso libro de texto de Ridley (1996, p. 72), y la disparidad existente entre la versión simple e incompleta de TSN (semejante a la de Lewontin), y las diferentes partes involucrados en el caso de investigación de la Biston Betularia propuesto como ejemplo. En este, al igual que en las investigaciones originales realizadas por Ketewell (1955, 1956), se toman en cuenta muchas más cuestiones que el señalamiento de la variación al respecto de un rasgo heredable y las diferencias en el éxito reproductivo entre las diferentes variedades de individuos establecidas con respecto a ese rasgo. En particular la explicación completa involucra no sólo establecer una relación entre el color de las alas de las polillas y las diferencias en el éxito reproductivo diferencial, sino además, establecer que el rasgo tiene la función de mimetizarse y que la razón por la cual el mimetismo afecta el éxito reproductivo de las polillas es que implica diferencias en su supervivencia. Si la explicación completa implica tales señalamientos, la presentación general de la teoría debiera incluirlos.

betulariaPájaro con una betularia típica en su boca. Imagen que ilustra el artículo de Kettlewell

Si seguimos el camino inverso, planteado por el estructuralismo, es decir, tratemos de detectar cuáles son los conceptos fundamentales de TSN en los casos de su aplicación y determinar el modo en que estos se relacionan entre sí. Mi estrategia reconstructiva, dada la disparidad terminológica presente en el área de la filosofía de la biología, consistió en trabajar con la teoría en su origen, en los propios textos de Darwin (Ginnobili 2010, 2012a).

Cómo es bien sabido, lo que Darwin quiere explicar con TSN es cierta adecuación o ajuste de los organismos al medio ambiente. Por ejemplo:

La jirafa, con su gran estatura, sus muy largos cuello, patas delanteras, cabeza y lengua, tiene su estructura bellamente adaptada para comer en las ramas más altas de los árboles. Puede por eso obtener comida fuera del alcance de otros ungulados que habitan el mismo lugar; y esto debe ser una gran ventaja durante períodos de escasez (Darwin 1872, p. 177).

La forma en que Darwin explica la fijación de este rasgo en la población de jirafas es la siguiente:

En la naturaleza, en el origen de la jirafa, los individuos que comiesen más alto y que pudiesen durante los períodos de escasez alcanzar aunque sea una pulgada o dos por sobre los otros, serían frecuentemente preservados […]. El que los individuos de la misma especie muchas veces difieren un poco en la longitud relativa de todas sus partes, puede comprobarse en muchas obras de historia natural en las que se dan medidas cuidadosas. Estas pequeñas diferencias en las proporciones, debidas a las leyes de crecimiento o variación, no tienen la menor importancia ni utilidad en la mayor parte de las especies. Pero en el origen de la jirafa debe hacer sido diferente, considerando sus probables hábitos de vida; pues aquellos individuos que tuviesen alguna parte o varias partes de su cuerpo un poco más alargadas de lo corriente, hubieron en general de sobrevivir. Se habrán cruzado y dejado descendencia que habrán heredado las mismas peculiaridades corpóreas, o la tendencia a variar de nuevo en la misma manera, mientras que los individuos menos favorecidos en los mismos aspectos, habrán sido más propensos a perecer (Darwin 1872, pp. 177-178, itálicas mías).

Si consideramos, con los estructuralistas, que la ley fundamental de TSN es aquél enunciado en el que aparecen los conceptos fundamentales de TSN relacionados (Balzer, Moulines & Sneed 1987, p. 19), podemos extraer una instanciación de la ley fundamental de TSN a partir de la explicación citada:

Las jirafas con cuello, patas delanteras, cabeza y lengua de mayor longitud son más efectivas al alimentarse de las ramas más altas de los árboles, mejorando su supervivencia y mejorando, en consecuencia, su éxito reproductivo diferencial.

Nada de este enunciado parece superfluo. Si quitamos alguna de sus partes la explicación brindada con él quedaría trunca. Si se quita la función dada al rasgo por el organismo, la de alcanzar las ramas altas de los árboles, no sabríamos por qué tal rasgo podría mejorar la supervivencia. Podría mejorarla por otro motivo, por ejemplo, permitiendo asustar a posibles predadores. Esta sería una explicación alternativa y competidora a la ofrecida por Darwin. Sí quitamos la mejora en la supervivencia quedaría indeterminada la relación que hay entre el rasgo y el éxito reproductivo. Como veremos, esta conexión no siempre se da del mismo modo.

Podemos encontrar esta misma estructura explicativa en otros lugares del Origen, por ejemplo, es posible responder con una explicación semejante a la pregunta: ¿Cómo se ha adquirido en cierta población de orugas, formas parecidas a las ramas en las que comen que permiten mimetizarlas con ellas para protegerlas de predadores?

[…] en todos los casos anteriores los insectos, en su estado primitivo, presentaban indudablemente algún parecido accidental y grosero con algún objeto común en los parajes por ellos frecuentados […] Asumiendo que originalmente ocurriese que un insecto se pareciese algo a una ramita muerta o a una hoja seca, y que este insecto variase ligeramente en muchos modos, todas las variaciones que hiciesen a este insecto en algún modo más semejante a alguno de tales objetos, favoreciendo así su escape, tendrían que ser conservadas, mientras que otras variaciones tendrían que ser desdeñadas, y finalmente perdidas, o, de hacer al insecto de algún modo menos parecido al objeto imitado, eliminadas (Darwin 1872, p. 182).

En este caso el enunciado legaliforme prespuesto es el siguiente:

Las orugas cuya forma y color permiten que se mimeticen mejor con la planta en la que comen tienden a dejar más descendencia en virtud de que mejoran su supervivencia en su ambiente.

 Por abstracción de estos dos enunciados, nos vamos acercando a lo que considero que es la ley fundamental de TSN:

Los individuos con rasgos que cumplen con mayor efectividad cierta función, mejoran su supervivencia mejorando su éxito en la reproducción diferencial.

 La ley fundamental de TSN tendría al menos tres componentes:

  • El rasgo que cumple de manera más adecuada una función
  • El éxito reproductivo diferencial.
  • La conexión el rasgo adecuado y el éxito reproductivo, que en estos casos se da por una mejora en la supervivencia.

Para llegar a una versión más general de la ley fundamental de TSN hay que tomar en cuenta que existen explicaciones que conservan la misma estructura, pero la conexión entre el rasgo adecuado y la mejora en el éxito reproductivo diferencial no es a través de una mejora en la supervivencia. Como ocurre, por ejemplo, en los casos de selección sexual, como el que pretende explicar la existencia de espolones en los gallos (Darwin 1859, p. 88). El enunciado legaliforme presupuesto en este caso sería:

Los gallos de espolones más efectivos para luchar con gallos del mismo sexo tienden a emparejarse más, mejorando, en consecuencia, su éxito en la reproducción diferencial.

 En otros casos la explicación puede no acudir ni a mejoras en la supervivencia ni a mejoras en la capacidad de atraer parejas. Por ejemplo:

Las plantas que produjesen flores con las glándulas y nectarios mayores y que segregasen más néctar serían las visitadas con mayor frecuencia por insectos y las más frecuentemente cruzadas, y de este modo, a la larga, adquirirían ventaja y formarían una variedad local (Darwin 1859, p. 92).

El enunciado legaliforme supuesto sería:

Las plantas que producen flores más atractivas a los insectos tienden a mejorar su fecundidad mejorando, en consecuencia, su éxito en la reproducción diferencial.

 El concepto que varía en las diferentes aplicaciones que Darwin hace de TSN es propuesto por la teoría de la selección natural para explicar lo que pretende. Se trata de un concepto abstracto que recibe diferentes interpretaciones y que permite a Darwin confeccionar explicaciones distintas. Si llamamos al concepto en cuestión “aptitud” la ley fundamental de TSN podría ser:

Los individuos con rasgos que cumplen con mayor efectividad cierta función, mejoran su aptitud, mejorando su éxito en la reproducción diferencial.

Estos son algunos de los conceptos fundamentales de la teoría. Existen otros que no he tomado en cuenta, como el de ambiente, o el de herencia. Pero con esta presentación ya puede entenderse que la estructura es más compleja que lo que habitualmente, tanto en las presentaciones en los libros de texto como en las reconstrucciones disponibles, es tomado en cuenta.

Esta estructura se puede encontrar especificada de manera diferente en las diferentes leyes especiales que surgen de distintas especificaciones del concepto de aptitud a lo largo de los escritos de Darwin. Es interesante señalar que esta misma estructura explicativa amplia, que no siempre incluye una mejora en la supervivencia, puede encontrarse ya en los escritos evolucionistas más tempranos de Darwin. Por ejemplo:

[…] si el número de individuos de una especie con semillas plumosas puede incrementarse por el poder de la diseminación dentro de su propio área […] aquellas semillas que fueran un poco más plumosas en el largo término serán las más diseminadas, entonces un mayor número germinarán, y tenderán a producir plantas con plumas un poco mejor adaptadas (Darwin 1844: 92).

En este caso la especificación de la ley fundamental sería:

Los organismos cuyas semillas tienen rasgos que les permiten planear con el viento, esparcen mejor sus simientes mejorando así su éxito en la reproducción diferencial.

Todas estas explicaciones tiene la misma estructura y existe un sentido interesante en el que se puede sostener que forman parte de la misma teoría, aunque el mismo Darwin en ciertas ocasiones utilice la expresión “selección natural” en un sentido más restringido.

Los estructuralistas llaman “red teórica” (Balzer, Moulines & Sneed 1987) al entramado de leyes especiales que surgen de la especialización a partir de la ley fundamental, y que constituyen el sentido más habitual que en la práctica se le da al término “teoría”. Las leyes especiales no surgen de la ley fundamental por una relación deductiva, sino de especialización. Las leyes especiales tienen los mismos conceptos que la ley fundamental, aunque especificados, y tales conceptos se relacionan de manera semejante. La red teórica en base a las distintas especificaciones de “aptitud” quedaría como sigue:

red teórica
Red teórica de la teoría de la selección natural.

Esta presentación resulta mucho más completa e interesante la que aparece habitualmente en los manuales de biología evolutiva, y de hecho da cuenta de las aplicaciones que los mismos manuales presentan de la teoría. Por supuesto, como bien ha señalado Kuhn, es habitual que las teorías no se presenten explícitamente, y esto no impide que los científicos se formen adecuadamente en su área de pertinencia. Pues, del mismo modo en que los hablantes de una lengua natural no la adquieren por presentaciones generales de las reglas que gobiernan su gramática, sino a través de ejemplos de su uso, es a través de ejemplares de cómo las teorías se aplican que los científicos aprenden tales teorías (Kuhn 1962). Sin embargo, creo que no es difícil de defender que mejores presentaciones de las teorías simplificarían seguramente su adquisición.

Pero además, existen otras razones alternativas por las cuáles presentaciones más adecuadas de las teorías podrían resultar vitales en la comunicación y enseñanza de la ciencia. Pues puede permitir dirimir o ayudar a solucionar ciertas discusiones metateóricas o filosóficas acerca de cuestiones puntuales acerca de las teorías. Cuestiones que no sólo aparecen en polémicas entre filósofos de la biología, sino que suelen aparecer por diversos motivos en la práctica científica misma. En el caso que nos compete, por ejemplo, permite mostrar de manera mucho más clara en qué sentido la teoría de la selección natural tiene la fuerza unificadora que muchos han sostenido como el mejor argumento a favor de ésta (incluyendo al mismo Darwin) (Ginnobili 2009b). Permite mostrar con claridad la estructura común existente entre la selección sexual y la natural, o la relación entre la selección artificial y la natural (Ginnobili 2011b). Permite también, extraer consecuencias interesantes respecto de la selección de grupo (Ginnobili 2012b), sobre la biología funcional (Ginnobili 2009a, 2011a, 2013, 2014), etc..

Algunas de estas cuestiones se vuelven especialmente importantes en disciplinas en torno a las cuales existen polémicas que exceden el ámbito científico. Esto ocurre particularmente con la biología evolutiva, en dónde principalmente por cuestiones políticas los biólogos evolutivos se ven obligados a defender el estatus genuino del área en la que trabajan de ataques externos (incluso en el estrado). Cómo ejemplo, se puede señalar aquella crítica que sostiene que TSN, o alguna parte principal de ella, es tautológica o trivial. La idea por detrás de la crítica se basa en pensar que el enunciado principal de TSN es “sobrevive el más apto”, pero que si se pregunta por algún criterio para identificar al más apto, la respuesta sería, “el que sobrevive”. Desde ya, a partir de la reconstrucción presentada puede mostrarse que la ley fundamental es más compleja y no comete la circularidad señalada. Sin embargo, efectivamente, la ley fundamental de la teoría tiene poco contenido empírico, cuando se la considera por sí sola, y parece no contrastable de manera aislada. La situación cambia, sin embargo, al considerar la red teórica completa, con todas las leyes especiales, que sí son contrastables por especificar lo que en la ley fundamental se encuentra inespecificado (Díez & Lorenzano 2013; Ginnobili 2007; Ginnobili & Carman 2008). Resulta especialmente interesante al respecto cómo el estructuralismo, por trabajar sobre teorías de todas las disciplinas científicas, pudo mostrar que ésta vacuidad es característica de las leyes fundamentales de las teorías más unificadoras (p.e. ocurre también en el caso de la ley fundamental de la mecánica clásica, Moulines 1982). Muchas veces la idea de que en ciertas disciplinas no hay leyes, o no hay leyes universales, por ejemplo, tiene que ver con que se encuentra en consideración una noción de “ley” que no se puede encontrar ni siquiera en las partes más fundamentales de la física (Lorenzano 1998, 2006, 2007).

Ésta última cuestión implica señalar la última de las razones que brindaré por la cual el trabajo del filósofo de la ciencia es relevante para la comunicación y didáctica de la ciencia. Una buena presentación de las teorías en los manuales científicos implica el mejoramiento del lenguaje metateórico utilizado en la práctica científica misma. En biología, p.e., es posible encontrar una serie de expresiones metateóricas  (acerca de la ciencia y el método científico) inadecuadas y confusas, como por ejemplo “la evolución no es una teoría, es un hecho” o “dogma central de la biología”. De manera más generalizada, existe lenguaje metateórico utilizado por los científicos en general, como la habitual referencia a “ciencia dura” y “ciencia blanda” a la que apelan incluso los científicos que caen bajo el más negativa de los dos motes (porque obviamente la distinción es valorativa). El lenguaje metateórico inadecuado, en el mejor de los casos, dificulta la comprensión que los científicos tienen de su propia práctica, y en el peor de los casos, incluye implicaturas ideológicas  que minan la genuinidad del área en la que se desenvuelven. En este sentido, el mejoramiento del lenguaje metateórico de los científicos resulta vital.

Por supuesto, en este trabajo he utilizado siempre herramientas del estructuralismo metateórico, defendiendo en este sentido su adecuación, pero por supuesto, mi intención es discutir la pertinencia de la filosofía de la ciencia en las cuestiones de enseñanza y comunicación de la ciencia, independientemente del área específica en que yo me muevo. Hoy no hay un enfoque dominante en filosofía de la ciencia, y no tiene por qué haberlo. Esto no implica que no podamos volver a reunirnos bajo ciertos objetivos fundamentales.

El estudio de la naturaleza de las teorías científicas tiene un valor en sí mismo, e incluso si no sirviera en ningún sentido para la práctica científica, podría sostenerse sobre sus propios méritos. Pero espero haber al menos mostrado brevemente el sentido en que este no es el caso. No es porque hayan envejecido que los objetivos políticos iluministas que moldearon la filosofía de la ciencia en sus comienzos hayan sido abandonados.   La actual fuerte separación entre la filosofía y la ciencia no constituye una grieta natural. Ha sido forjada violenta y trabajosamente en la historia política del siglo XX. El mismo trabajo, pero en sentido opuesto, requerirá revertir la situación. La preocupación por la enseñanza y comunicación de la ciencia, en este sentido, se nos impone, a los filósofos de la ciencia, como una obligación con los fundadores de nuestra disciplina y frente a la sociedad que subsidia nuestras investigaciones. Esta no es una ocupación menor. Se trata, bajo mi punto de vista, del espacio en que nuestra actuación profesional puede ser revalorizada. Pero es un espacio que hemos perdido, y que hay que recuperar.

 

Bibliografía citada

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Artículo publicado en la Revista 100-Cs.

Ginnobili, Santiago. El papel de la filosofía de la ciencia en la comunicación y la enseñanza de la ciencia: el caso de la teoría de la selección natural. Rev. 100-Cs. Vol. 1. Num. 1. Enero-Marzo (2015), ISSN 0719-5737, pp. 20-35, en http://100cs.cl/vol-1_- num-1/articulo-oficial-dr.-santiago-ginnobili.pdf

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